Cómo de importante es tener una tarjeta gráfica dedicada en vez de una integrada

tarjetas graficas dedicadas

A la hora de jugar a videojuegos en el ordenador, vemos que hay 2 opciones: el tener una tarjeta gráfica integrada en el procesador o una dedicada. Ambas, pueden ser más o menos potentes y nos permitirán jugar en diferentes calidades dentro de cada juego.

Aunque las gráficas integradas de hoy en día, pueden correr juegos relativamente bien, si queremos exprimirlos a tope y que el procesador no esté sobrecalentado, es preferible tener una tarjeta gráfica dedicada, sobre todo, si nos vamos a dedicar a jugar de forma habitual. Además, el rendimiento que tienen las nuevas gráficas de Nvidia, con las RTX3080 o 3090, o las AMD RX 6900 XT, es muy superior.

Por ello, hoy veremos los principales motivos de tener una tarjeta gráfica dedicada frente a una integrada junto al procesador, valorando los posibles puntos a favor y contras que podamos tener al decantarnos por comprar una gráfica dedicada.

Uso de recursos del sistema

Cuando usamos una tarjeta gráfica integrada, parte de la memoria RAM que tenemos instalada, se verá compartida con ésta, restando, por ello, parte de este recurso para el resto de aplicaciones o el propio juego. Así, veremos cómo, en ocasiones, nos puede tardar más tiempo en cargar alguna escena si no contamos con la RAM suficiente.

Por este motivo, es recomendable usar una tarjeta gráfica dedicada, la cual ya cuenta con su propia memoria de gráfica, siendo ésta mucho más rápida y eficiente que la memoria RAM. Además de esto, al no tener la gráfica dentro del propio procesador, éste no se calentará más de lo necesario, con lo que aumentaremos la eficiencia de éste, sin que llegue el temido “thermal throttling” o reducción de la frecuencia de trabajo por culpa de la temperatura.

Conectores

Otro punto a favor de tener una tarjeta gráfica dedicada, es la de contar con una mayor cantidad de conectores, lo cual, nos permitirá tener más pantallas o poder conectar más tipos. En las integradas, estamos a expensas de los conectores de vídeo que tenga la placa base. Aquí dependerá de lo buena que es, donde no siempre nos encontraremos con los que tiene nuestro monitor, como puede ser el Display Port, menos extendido en las placas base.

Lo ideal, sería que tenga un DVI, un HDMI y un Display Port, así tendremos cubierto casi cualquier monitor de los actuales y no tendremos que cambiarlo por culpa de no disponer del conector del monitor.

Resolución máxima

Si bien es cierto, que las gráficas integradas tienen una buena resolución, no siempre podremos contar con la máxima. Lo más normal es que lleguen a Full HD o 2K, mientras que en las gráficas dedicadas, pueden llegar hasta 8K.




Refrigeración

Como vimos al final del anterior apartado, por culpa de la temperatura que puede dar la gráfica integrada con el procesador a éste, se puede producir el “thermal throttling”, reduciendo el rendimiento de éste y notando un bajón en las tareas que estemos realizando, ya sea con juegos o algún programa de diseño que requiera del uso gráfico.

Para evitar esto, tenemos 2 alternativas: disponer de un mayor disipador para la CPU, con la consiguiente necesidad de espacio extra dentro de la caja, donde en algunas, directamente no caben; o adquirir una tarjeta gráfica como la RTX 2080 Super la tarjeta que arrasa entre los gamers. Esta tarjeta gráfica, tiene una buena disipación, tanto de su chip gráfico, como de la memoria de vídeo o de las fases de alimentación, o la parte trasera de la misma. Además, cuenta con varios ventiladores y un buen radiador, lo que nos dará una buena disipación del calor con muy poco ruido.

De esta forma, conseguimos una buena eficiencia en cuanto a refrigeración, sin que interfiera el calor generado por la tarjeta gráfica en otros componentes del equipo.

Eficiencia gráfica

Otro punto a tener en cuenta es la eficiencia gráfica, la cual, en las integradas, la tendremos bastante limitada, ya que, no es factible tener una muy potente junto al procesador y que no se llegue a quemar por sobrecalentamiento.

Además, si vamos a estar jugando o realizando tareas como renderizado de vídeos, veremos cómo en una gráfica integrada, nos demorará horas el trabajo, o no podremos poner todos los valores al máximo en el juego.

También hay que tener en cuenta, que las tarjetas gráficas dedicadas, cuentan con fases propias de alimentación, en los VRM para entregar la potencia energética adecuada a cada requerimiento, así como la estabilidad de la misma. Algo muy importante para que no tengamos parones o cuelgues del sistema.




Alimentación y potencia

En lo que a la alimentación se refiere, si la gráfica es integrada, estará limitada por los propios conectores de alimentación de la placa base, en los cuales, ésta deberá repartirse entre los diferentes componentes de la misma, cosa que no pasa si la gráfica es dedicada, ya que cuentan con líneas propias para ésta, mejorando, como vimos en el anterior punto, la eficiencia de la misma.

Así pues, antes de comprar una gráfica, deberemos comprobar si la fuente de alimentación cumple tanto en potencia como en conectores, para poder alimentarla y que no tengamos que llegar a cambiarla.

Tamaño

Algo que podemos ver como un posible contra, es el tamaño que tiene una gráfica dedicada, donde en los ordenadores más pequeños puede que no quepa, aunque en las torres estándar, suelen caber sin problema. Solo tendremos que ver las ranuras que tenemos disponibles en la parte trasera y medir el espacio desde éstas hasta el frontal. De esta manera, nos aseguramos que nos quepa dentro de la torre.

Si nos vamos a las gráficas más grandes, como la que os hemos citado, veremos cómo al contar con 3 ventiladores ocupará toda la placa base, además de 2 o 3 ranuras del panel trasero.

Precio

Por último, tenemos el precio, algo muy variado según el rendimiento y la potencia de la misma, así como de los extras que cada fabricante le añada, yendo desde los 150€ para las más normales, a más de 1000€ para las profesionales.




Como seguro que os preguntáis, qué tarjeta gráfica para gaming comprar, os vamos a dar nuestras recomendaciones, según lo mencionado anteriormente. Si vamos a jugar de manera habitual y queremos que el rendimiento en juegos sea óptimo con todo o lo máximo posible a tope, mejor optar por un chip gráfico de la última o penúltima generación. Además de un mínimo 8GB de memoria gráfica, aunque lo mejor serían 16GB o 32GB.

Así mismo, es preferible que tenga una buena disipación, de 2 a 3 ventiladores, una buena superficie de disipación, que englobe tanto la parte del chip gráfico, como las memorias y los VRM. Con esto, nos aseguramos un rendimiento extra durante más tiempo, sin lag o ralentizaciones del propio juego, ya sea en momentos puntuales o a la hora de realizar la carga de las escenas. Por último, vemos esencial que disponga de alimentación directa desde la propia fuente, ya sea un conector de 6, 8 o más pines.

Con estos valores en mente, podemos decantarnos por las últimas gráficas que hace pocos meses, lanzaron tanto Nvidia como AMD. Aunque ambas, tienen un gran rendimiento, vemos que, al estar en plena pandemia, resulta muy complicado conseguirlas o, en el caso de hacernos con una, están más caras.

Por ello, nosotros optamos por la generación anterior, la cual da un buen rendimiento, y además, si nos vamos a Nvidia, tendremos las de la serie RTX. Éstas, permiten el trazado de rayos en tiempo real, con lo que, la iluminación dentro del juego, pasa a un primer plano en cuanto a realismo e inmersión se refiere. Siempre que el juego esté creado para esta tecnología.

Dentro de cada familia de gráficas, las podemos encontrar para diferentes presupuestos, cada una mejorará tanto en la potencia del chip, como en la cantidad de memoria que lleve instalada, o en la disipación que tenga.

Esperamos que con estos puntos tengáis más claro la diferencia entre una tarjeta gráfica dedicada frente a una integrada, además de ver lo qué necesitamos si compramos una para jugar.

Cómo de importante es tener una tarjeta gráfica dedicada en vez de una integrada
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Hoy veremos la importancia de tener una tarjeta gráfica dedicada, frente a las integradas, con ello, tendremos más clara la elección.
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